Reivindico el derecho que tengo a mostrar mi zaragozismo en cualquier lugar, pero reivindico ese derecho para mí y para cualquier otra persona que siente unos colores como suyos, y me da igual el equipo que sea, pero quiero tener derecho a cantar y gritar un gol de mi Real Zaragoza en cualquier estadio y también quiero que cualquier aficionado que viene a la casa del zaragozismo, que es nuestra vetusta Romareda, pueda tener el derecho a celebrar un gol de su equipo con respeto y sin temor a que su integridad pueda resultar dañada.

 

El sábado fuera de errores descomunales arbitrales, fuera de la injusta derrota de nuestro equipo, la sucesión de peleas en la grada fue un continuo goteo durante el partido. Existen mal educado en todos los sitios, por nuestra parte y por la del rival, pero eso no debe ser excusa para meter a todos en el mismo saco. Ayer pude ver y no es la primera vez, amenazas y peleas entre aficionados zaragozistas y culés solo por el hecho de celebrar que el Barça, su equipo, metiera un gol. ¿Hacia donde nos dirigimos si ni siquiera en un campo de fútbol podemos celebrar los goles de nuestro equipo?

 

No intento decir que solo pase aquí, ocurre en todos los campos, pero me duele esa imagen que se está generando fuera de Aragón sobre la afición de la Romareda.

 

Pero lo que más me duele es la cara de susto que ponía mi sobrino de 6 años, que me acompaña cada domingo a ver a nuestro equipo, al ver como alrededor suyo “los mayores” se peleaban, y lo que más me dejó preocupado, fue cuando con ojos de rabia al salir del campo me miró y con una voz envalentonada me dijo, “el lunes Javier (un amigo suyo que es del Barça) se va a enterar”.

 

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