Foto de Oliver Duch, publicada en Heraldo de Aragón

Ese maldito azar, a veces amigo y otras veces enemigo. El azar nos ha deparado un Recreativo-Valladolid en la última jornada de liga, y nos ha dado la posibilidad de soñar una semana más con el milagro. El azar nos brinda esta última oportunidad, sin ella, ya estaríamos llorando el descenso, pero ahora durante toda esta semana nos van a intentar vender que aún hay esperanzas, pero las caras de los jugadores al finalizar el partido hablaban de la realidad.

Tenemos que romper en un solo partido todo un año y medio de mediocridad fuera de casa. Es cierto, que siempre todas las estadísticas se rompen algún día, absolutamente todas. Pero la sensación que tenemos todos ya no es la del día del Deportivo, se parece más a la del Villarreal el año del anterior descenso. Ayer la poca esperanza que tenía tras el partido de las opciones del Zaragoza terminaron cuando al llegar a casa, pude ver en Aragón Televisión la entrevista que hacían a Zapater. Zapater capitán del equipo había sido el abanderado de la ilusión por la salvación. Sus entrevistas para los medios de comunicación explotaban pasión, entrega, lucha y esperanza por cumplir el objetivo. Pero ayer Zapater estaba roto y su discurso ya se acercaba mas a la realidad de su cabeza zaragozista, y no a la de su corazón. Ayer Zapater regreso a la realidad.

Ayer fue vergonzosa la cantidad de goles que se fallaron, ante un Real Madrid con todo ya realizado, que incluso en algunos momentos pareció muy sospechosamente, no querer ganar el partido o incluso provocar situaciones para que el Zaragoza lo ganara. El  Zaragoza no supo coger el regalo. Se que todos, absolutamente todos tuvieron sus ocasiones desperdiciadas y esta mal echarle la culpa a un solo jugador, pero el próximo año estemos en primera o estemos en segunda no me gustaría que Oscar volviera a vestir la camiseta de mi equipo, porque nunca y repito nunca ha demostrado poder vestirla. Ayer tuvo la posiblidad de marcar el gol de su vida, el gol que jamás olvidaría esta afición, pero una vez más no lo hizo y además accidentalmente obstruyó en la última opción que habría tenido Sergio García para ganar el partido en el último segundo. No es que solo no haga nada, es que además molesta.

Zaragoza no se rinde. La frase de Galdós se ha convertido en un emblema zaragozistas en estos últimos partidos. Y todos sabemos que es un lema real, porque está en nuestra sangre y en nuestras raíces. Solo espero que nuestros jugadores zaragozistas foráneos hayan sabido contagiarse de esta pasión en su estancia entre nosotros.