En una sociedad cada vez más obesa, en que los niños se alimentan de comida “basura”, pese a campañas por comer fruta como la de “5 al día”, en la que jugar en la calle se ha sustituido por la “play” con el apoyo y acompañamiento de los propios padres, y en la que se nos intenta vender lo importante del deporte en nuestras vidas, me ha sorprendido ayer cuando circulaba junto al I.E.S. Ramón y Cajal ver como unos jóvenes realizaban una clase de educación física.
Desconozco los servicios con los que cuenta este instituto, que quede claro, pero ver a nuestros jóvenes realizar una clase de educación física con abrigo, no creo que sea lo más apropiado. Los alumnos estaban dando vueltas a las pistas de deportes con chándal y con el abrigo de lana, igualico a nuestros vecinos europeos. Recuerdo mis clases de educación física hace ya más de 15 años, y eran exactamente iguales. ¿Quiere esto decir que no ha progresado nada en este tiempo la asignatura de educación física en nuestras escuelas?. Me viene a la memoria el olor a sudor insoportable que invadía la clase siguiente a educación física. Porque nunca entenderé que en una sociedad en la que se pelea por las asignaturas a aplicar en nuestras escuelas, en que si la historia de los libros se ajusta o no a la realidad, en que la religión deba ser o no ser obligatoria, nadie se preocupa de enseñar a nuestros jóvenes valores como el deporte o el aseo. Que los alumnos no tengan la oportunidad, el derecho o la obligación, llamemosle como cada uno quiera, a asearse después de una clase de educación física, es inexplicable en estos tiempos.
Luego nos dirán que estamos engordando. El deporte es una asignatura a la que no se le da importancia. Así nos va.

