
Son los hijos olvidados de nuestra ciudad. Gentes que no tuvieron suerte en la vida.
Quizás no estuvieron en el sitio indicado y en el lugar preciso. La vida quizás solos le brindó una oportunidad y no la pudieron aprovechar. Quizás no los veas, quizás no percibas su presencia pero cada día un gran número de indigentes en nuestra ciudad toman las calles. Toman sus calles, porque para muchos de ellos es su casa, es su hogar y ahora sus otros compañeros su familia. Quizás no los veas porque permanecen secretamente guardados en ciertas zonas de la ciudad, en zonas que no puedan interferir en la “buena imagen” de la ciudad.
Pero cada día entre
En la calle Madre Rafols, en un pequeño triángulo, entre

Foto FEMOES por teléfono móvil
Los Olvidados prosiguen su marcha sobre la calle Fleming, giran por Albareda, donde otros indigentes que duermen detrás de las oficinas de Salud, les salen al paso y se unen a su grupo, es aquí donde ya enfilan la calle Santa Ana, su paso se acelera al percibir el olor a comida y divisar las filas de compañeros que ya guardan su turno. No pueden permitirse quedarse sin un plato que les de vida. Es aquí el único punto en que el grupo de los Olvidados salen a la luz, salen al céntrico y poblado Paseo María Agustín, es aquí donde los indigentes se mezclan con los pasajeros del Casetero que esperan en la parada del edificio Ebrosa. Al terminar volverán a su casa, volverán a la calle.
Mi homenaje aquí a las hermanas del comedor de la iglesia del Carmen y a todos los que allí colaboran.