Son los hijos olvidados de nuestra ciudad. Gentes que no tuvieron suerte en la vida.

Quizás no estuvieron en el sitio indicado y en el lugar preciso. La vida quizás solos le brindó una oportunidad y no la pudieron aprovechar. Quizás no los veas, quizás no percibas su presencia pero cada día un gran número de indigentes en nuestra ciudad toman las calles. Toman sus calles, porque para muchos de ellos es su casa, es su hogar y ahora sus otros compañeros su familia. Quizás no los veas porque permanecen secretamente guardados en ciertas zonas de la ciudad, en zonas que no puedan interferir en la “buena imagen” de la ciudad.

Pero cada día entre la Plaza José María Forqué y el comedor de la iglesia del Carmen, en la ruta de los olvidados, un desfile de caras de historias tristes, amargura, soledad y de hambre, hambre de boca y hambre de cariño, nos ofrecen un desfile de zombies en las que sus ganas de vida parecen apagarse. Ruta hacia la que seguramente será, para muchos de ellos, su única comida caliente del día.

 

La Plaza José María Forqué es el salón de su casa, en ella se reunen, en ella se sientan en sus bancos entre tertulias animadas, entre tragos de latas de cerveza de marca Pils, compradas en el Lidl cercano.

En la calle Madre Rafols, en un pequeño triángulo, entre la Plaza José María Forqué y la calle Doctor Fleming, el ayuntamiento adecuó un pequeño solar en el que aparcaban coches en una bonita plaza, con bancos, jardines y una fuente de agua de boca. Es aquí donde los olvidados duermen la siesta si el sol les cobija bajo su calor, es aquí donde se les puede ver lavar su ropa en la fuente de agua de boca, y es aquí sobre su jardines donde dejan su ropa secar. Este es su cuarto de reposo, su lavandería, su terraza y su aseo.

Foto FEMOES por teléfono móvil

 

 

Los Olvidados prosiguen su marcha sobre la calle Fleming, giran por Albareda, donde otros indigentes que duermen detrás de las oficinas de Salud, les salen al paso y se unen a su grupo, es aquí donde ya enfilan la calle Santa Ana, su paso se acelera al percibir el olor a comida y divisar las filas de compañeros que ya guardan su turno. No pueden permitirse quedarse sin un plato que les de vida. Es aquí el único punto en que el grupo de los Olvidados salen a la luz, salen al céntrico y poblado Paseo María Agustín, es aquí donde los indigentes se mezclan con los pasajeros del Casetero que esperan en la parada del edificio Ebrosa. Al terminar volverán a su casa, volverán a la calle.

Mi homenaje aquí a las hermanas del comedor de la iglesia del Carmen y a todos los que allí colaboran.