
En el Paseo María Agustín nº 16, en la sede del Servicio Aragonés de Salud. En uno de los lados de este edificio oficial, el que da a la calle Albareda, tras unos setos, un grupo de indigentes viven y duermen tras él. Escondidos de los ojos curiosos, ocultos entre sus pertenencias, cartones y basuras, invisibles para la sociedad sino fuera por sus voces, que te sobresaltan y asustan al pasar. Pero no importa, no se ven, allí no estorban. La mierda hay que ocultarla y no debe importarnos mientras no nos salpique. Sociedad demagoga y cruel que vive al margen de los problemas de seres que la integran.
Calle Albareda de contrastes, de las riquezas de sus habitantes, desde Independencia hasta el edificio Ebrosa o el colegio Mayor, frontera de niveles de vida próspera y estable con la dureza de la lucha por terminar sin hambruna cada día.