Un frenazo de un coche, me hace girar la cabeza. Un balón ha irrumpido en la calzada. La cara del niño y la del conductor del vehículo hablan por sí solos. Esta vez no ha pasado nada.

El niño recoge el balón y vuelve con sus amigos para seguir jugando. El conductor recompuesto prosigue su marcha. La suerte les ha sonreído hoy.

Un anciano con su bastón, les grita "es que no tenéis otro sitio para ir a jugar con la pelotica". Un niño le dice "NO" sin dejar de jugar. El anciano sigue farfullando "encima con chulería, mas les valdría volver a su país".

El niño no mintió. Estamos en la Plaza Santo Domingo y aquí los niños no tienen donde jugar al balón. Aquí los niños no disponen de zonas verdes, aquí los niños no tiene campos de fútbol o fútbol sala para jugar. En este barrio los niños, no pueden ser niños.

A pocos metros el único parque con el que contaban, el que está junto al Ebro, está en obras. En las interminables obras del Paseo Echegaray. Unas obras que hacen que el barrio esté inmerso en un agobio constante de tráfico. A otros pocos metros los institutos públicos están cerrados por vacaciones. Unos institutos que tienen muertas de risa unas instalaciones deportivas que deberían poderse disfrutar en verano.

Así, en un espacio reducido de no más de 10 metros cuadrados, juegan al balón, utilizando las paredes del cada día mas destrozado exterior del Teatro del Mercado y los coches aparcados en la plaza, como frontera de su "campo de juego".

Al anciano decirle, que estos niños viven aquí. Sus padres trabajan aquí. Ellos ya son de aquí. Quizás olvidó su pasado, seguro que él o algún familiar suyo tuvo que dejar su casa y emigrar. Estos niños formarán parte del futuro de Aragón. Estos niños al fin y al cabo, solo son niños que quieren jugar.

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