No digo que haya desaparecido, pero si es cierto que cada vez se ven menos cachirulos en las calles de Zaragoza. Ayer miraba a mi alrededor en la Plaza del Pilar y excepto los peñistas que la gran mayoría de ellos lo llevan en alguna de las muchas posiciones en las que la imaginación les lleva a vestirlo, lo cierto es que en el zaragozano de a pié, ya no lo luce.

Yo tampoco lo llevaba, hace años que dejé de llevarlo, no sé el por qué, pero no lo llevo, ni se me ocurre buscarlo en el fondo del cajón donde los años lo ha ido colocando. El lugar por antonomasia donde el cachirulo se lucía en todo su esplendor, atado  al cuello, solo es portado ahora por gente entrada en años y algún turista despistado, queriéndose integrar en el meollo festivo. Atado a la muñeca, es el lugar mas elegido por la gran mayoría de la juventud, modalidades que fueron moda en los últimos años, como atado a la cintura, ya no se aprecia. Las niñas lo lucen en la cabeza y la verdad que les cada muy gracioso, moda a la que también se apunta mucha gente de la comunidad latino americana de Zaragoza.

El cachirulo forma parte de nuestra cultura, de nuestra tradición y dice mucho de nuestra tierra. Es un símbolo identificativo y único tan conocido en el resto del territorio como el Pilar o la Jota, por lo que no debemos permitir que quede como el mío en el fondo del cajón. Si perdemos símbolos que hablan de nosotros quizás llegue el día en que no sepamos quienes somos y los valores y trabajos realizados de nuestros antepasados no servirán de nada.

Voy a buscar mi chachirulo y me lo voy a volver a poner. ¡Qué narices!