
El fracaso del nacionalismo aragonés en las elecciones es el gran titular que nos ha deparado en Aragón la noche electoral. El descalabro de Chunta, junto a la ligera subida del PAR que vuelve a convertirse en la tercera fuerza política de esta tierra, pero a una eternidad del los partidos estatales, debe hacer reflexionar a dirigentes y votantes. ¿Nos encontramos ante el fin del aragonesismo?
PAR y CHA han perdido estas elecciones y las han perdido los dos. No comparto las buenas reacciones que escuché ayer desde la sede del PAR, como si se hubieran conformado con recuperar el puesto en el podium que perdieron hace unos años. Y han perdido porque las dos grandes formaciones nacionalistas aragonesas, no han sabido transmitir el importantísimo valor que tiene, el conseguir voz propia para Aragón en las Cortes. Esta voz ha desaparecido tras 30 años de democracia.
Chunta y PAR son partidos muy diferentes, pero con ideas en cuanto a Aragón se refiere muy similares en bastantes aspectos. Entiendo que cada uno tenga que tener su propio trozo de pastel de representación de la sociedad aragonesa, pero no dejan de ser partidos minoritarios y cuando se presentan a elecciones generales o europeas, es decir, a nivel fuera de las fronteras aragonesas, deberían presentarse unidos como una única formación política, igual que hacen en otras comunidades españolas, otras formaciones.
Aunque esta unión no les habría otorgado ningún escaño en estas elecciones, una campaña electoral conjunta habría echo llegar el mensaje del aragonesismo mas fuerte y potente. Sus diferencias en algunos temas son enormes, pero deberían dejarlas a un lado, para enarbolar un grupo de medidas comunes por el bien de esta tierra, que ambas formaciones no se cansan de vociferar.
Se que ha sido una malas elecciones para los grupos nacionalistas en estas elecciones, pero los ha sido para los débiles, los bloques o formaciones sólidas, no se han resentido, el nacionalismo moderado vasco y catalán han conseguido resultados similares a otras citas electorales, y esa solidez es la que deberían buscar nuestras formaciones nacionalistas aragonesas, en sus incursiones en política nacional o europea.
Si de verdad desean el bien de Aragón, quizás deberían centrarse en un camino común, en busca del bien común, y no del bien propio particular. Aragón debe recuperar su espacio lo antes posible.